Volver a la casa. la heroica historia de supervivencia del agente Romero

Volver a la casa. la heroica historia de supervivencia del agente Romero

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Eran las 6 de la mañana, el frío se colaba debajo de las sabanas y el agente Romero se despertó. Se sentó sobre el borde de la cama y miro como los primeros rayos de sol se colaban por las rendijas de la ventana, y sintió nuevamente la dicha que muchas personas no conocen de estar agradecidos por vivir un día más.

Recordó como un año atrás mientras patrullaba junto a sus compañeros todos agentes de la Policía Nacional Civil, una remota área rural y como la paz de los cerros que recorrían se vio interrumpida por el estruendo de disparos, seguido de un zumbido que rompía el viento a lado de su cabeza.

Se tiró al suelo junto con sus compañeros y pequeñas explosiones a su alrededor levantaban la tierra que caía como lluvia, intentó poder ver desde donde le disparaban, pero no pudo. Arrastró su cuerpo fuera del claro en el que estaba para refugiarse en los árboles cercanos. Fue en ese momento que sintió un calor desgarrador dentro de su pierna.

El disparo había cruzado su pierna, un dolor desconocido hasta ese momento le hizo contraerse sobre sí mismo. Un terror que no había experimentado nunca lo embriago, el miedo de morir. Con los gritos de sus compañeros regreso a la realidad y usó su miedo como un arma, como un potenciador para sobrevivir.

Se apostó tras un árbol y fue ahí cuando los vio. No menos de 10 pandilleros con diferentes tipos de armas de fuego los habían emboscado y los mantenían bajo una lluvia de fuego incesante mientras otros de ellos se acercaban. Sus compañeros disparaban intentando repeler la abrumadora cantidad de disparos que recibían sin efecto alguno.

Mientras Romero yacía refugiado tras el árbol mientras recargaba su fusil, pensó en sus hijos, dos pequeños que siempre que el volvía a casa le revisaban su mochila buscando los mangos que su padre traía de tierras lejanas, recordó a su madre una anciana que pasaba sus días en una mecedora.

Un escalofriante pensamiento se apareció en su mente se imaginó a su familia llorando en su funeral y en una desconcertante ilusión de su propio entierro vio su rostro ingrávido dentro del ataúd. Al regresar al mundo real una determinación inexplicable le puso palabras en su boca. “hoy no moriré”.

Alentó a sus compañeros a serenarse y hacer un contraataque contundente. Los demás agentes lo cubrieron mientras Romero avanzo por una fila de árboles rodeando una roca que usó de escudo. Apostó su fusil alineó las miras y abrió fuego.

Los pandilleros al verse sorprendidos por los disparos de Romero se batieron en retirada, a los pocos minutos el silencio del viento y los árboles reinó nuevamente. Dos cuerpos tendidos sobre la tierra y unos fusiles se veían a lo lejos.

Romero se postro en el suelo absorto de dolor, vio como sus compañeros corrían a su auxilio. “!!!el pájaro viene en camino aguanta!!!” escucho que le decían. Fue ahí cuando se percató de los dos impactos en su pecho, como el sonido de las voces se alejaba y sus oídos solo captaban el susurro de la concha de un caracol, como si las olas del mar retumbaran suave en unas rocas.

El tiempo le pareció alternativo. No sabía cuánto había trascurrido sentía dormirse y despertarse en intensas soluciones de volver a casa una vez más o entregarse al cansancio que sentía en ese momento. Recordó el ensordecedor sonido del helicóptero que llego por él, y lo último que vio al mirar hacia afuera, una vista hermosa desde el cielo el horizonte de la tierra que juró proteger se extendida al infinito fundiéndose en un azul eterno del firmamento, luego todo fue oscuridad.

4 días después el agente romero despertó en la sala de un hospital, había recibido la atención médica a tiempo y su vida logro ser salvada. En el enfrentamiento sus 3 compañeros resultaron ilesos gracias a su valiente actuación de correr en el bosque para tener una mejor posición de tiro, en ese trayecto recibió dos impactos de bala en el pecho que no percibió en el momento. 3 pandilleros resultaron muertos en el enfrentamiento.

Fue condecorado por sus valientes actos. Actualmente sigue laborando y compartiendo su experiencia con sus compañeros.

“Creo que vale la pena vivir cada instante no como si fuera el último. Sino como si fuera el primero porque es lo que más recordamos de las personas cuando estamos cerca de morir, ahora he recibido una nueva oportunidad para valorar más cada instante que Dios me ha regalado, lo importante es volver a casa”.

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