Ayer terror y éxodo, hoy seguridad y retorno en El Burro de Mejicanos

Ayer terror y éxodo, hoy seguridad y retorno en El Burro de Mejicanos

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Redacción Radar (7/7/18) El 25 de marzo pasado forenses apoyados por policías reconocieron el cuerpo acribillado sin vida del joven albañil Carlos Alcides Ramírez Ramírez, a pocos metros de donde él construía un tapial.

Los atacantes se acercaron hasta donde el obrero y su ayudante levantaban el muro sobre el final de un pasaje de la colonia Vista Hermosa, una populosa lotificación del área semiurbana del municipio de Mejicanos, al norte de San Salvador, y los tirotearon.

Aún con vida Ramírez huyó del sitio del ataque, pero debido a la gravedad de las lesiones sufridas se desplomó frente a una casa vecina.

Mientras, junto a la pared de pocas hiladas de ladrillos quedó tirado con diversas heridas de bala -después se supo que fueron superficiales- su compañero Camilo Díaz (nombre cambiado), el otro operario al que los agresores, pandilleros de la zona, no le dieron tiempo para intentar huir disparando en su contra igual que a Ramírez varios balazos a los que, sin embargo contando con una suerte diferente, logró sobrevivir.

Muerte y éxodo de los habitantes de El Burro

El muro, que quedaba inconcluso, -que tanto el fallecido como el ayudante se encontraban levantando ese día fatal- conformaba una parte de la solución acordada por las familias del “pasaje” El Burro, un área abarcada por esa colonia situada en el cantón San Roque de dicha municipalidad, para protegerse, precisamente, del acoso mortal de los mareros.

Exactamente, el “pasaje” El Burro es un área de 4 pasajes, A, B, C y D, en los que se halla distribuida esa porción de la Vista Hermosa, y a uno de ellos, la entrada del sector, los vecinos lo denominaron El Burro como recuerdo del apodo de uno de sus antiguos habitantes.

Apenas dos meses antes de ese 25 de marzo, a finales de enero, los terroristas ya se habían cobrado en El Burro la vida de dos de sus pobladores así como, en una fecha posterior, la de un joven visitante.

Estas familias, a las que los delincuentes mantenían atemorizadas, pretendían con la pared cerrar el final del pasaje que da a una ladera llena de maleza, que los pandilleros utilizaban como una ruta por donde escapaban de la policía luego de cometer sus crímenes.

El atentado de marzo en contra de los albañiles estuvo precedido por el doble asesinato de Edwin Alexander Melara Ramírez y José Luis Mejía Montes, dos moradores del lugar que se hallaban sentados platicando el 27 de enero anterior cuando apareció un vehículo desconocido de donde se bajaron dos hombres y los acribillaron.

Días después, presuntamente, los mismos sujetos asesinaron a balazos a un muchacho que había llegado a visitar a una familia habitante de la colonia.

Por estos casos los investigadores de la Delegación de la Policía de Ciudad Delgado, responsable de la seguridad de otros tres municipios, entre estos el de Mejicanos, abrieron los respectivos expedientes que los conducirían –luego de un tiempo- hasta los autores intelectuales y materiales de los homicidios, archivos a los que ahora se sumaba el de la indagación del atentado en contra de los dos trabajadores de la construcción.

Tras el crimen de marzo sufrido por los albañiles, al menos, ocho familias abandonaron sus casas, en medio de la zozobra y el terror, y escaparon cargando con sus pertenencias a bordo de vehículos particulares.

Lo infructuoso –así resultaba en aquel momento- del intento comunitario de taparles el paso a los criminales, quienes a su vez reaccionaron cobrándose dos víctimas más, una de ellas mortal, llenó de temor a los pobladores de El Burro, y ante la amenaza de más asesinatos optaron por la huida para salvar sus vidas.

El éxodo de los vecinos del “pasaje” El Burro fue ampliamente difundido por la prensa del país que dedicó numerosos espacios ilustrados con diversas imágenes fotográficas y de video del alarmante hecho.

La inmediata respuesta de la Policía

Al conocer de la emigración de las víctimas de pandillas, las autoridades de la Policía encabezadas por el subdirector general, comisionado César Flores Murillo y el jefe de la delegación de Ciudad Delgado, subcomisionado José Osmín Bográn Acosta, llegaron al lugar para verificar de primera mano la situación de los residentes que aún permanecían en El Burro.

De inmediato ordenaron la instalación de una base de policía en una de las casas abandonadas, cuyos propietarios se llevaron, en la urgente partida, hasta el servicio sanitario.

El emplazamiento de la representación policial en el lugar contuvo el éxodo de las familias, mas no el temor y el miedo de los vecinos ante los asesinos.

Los que optaron por permanecer en el sitio albergaban tal temor frente a la grave amenaza que les recordaban los mareros que, incluso, evitaban hablar con los policías que les garantizaban la seguridad las 24 horas en la zona, y eludían, asimismo, prestar algún tipo de colaboración solicitada por las autoridades.

Cuando a la comunidad vuelven el valor y la seguridad

Poco a poco, al comprobar los vecinos la permanencia, efectividad y el comportamiento profesional de los policías de la base, su temor y desconfianza iniciales fueron cediendo, transformándose, día con día, en seguridad y valor.

Por su parte, las familias que se marcharon regresaron gradualmente a sus viviendas hasta casi completar la totalidad de las huidas, tras enterarse de la transformación que estaba sucediendo en su lotificación de origen.

Con la seguridad fortalecida en el vecindario, la delegación de Ciudad Delgado desplegó una intensa labor con esencia de filosofía de policía comunitaria que encabezó la jefa del puesto de San Roque, subinspectora Mirna Coreas y un equipo de mujeres y hombres policías, cuyo trabajo integral hizo que los vecinos se volcaran, entre otros puntos, a concluir la edificación del muro.

Y, al mismo tiempo, en la conformación de una numerosa junta directiva a la que, tal fueron las ganas de participar de parte de los moradores en dicho comité vecinal, debieron agregársele los cargos de colaboradores -que no se acostumbran- después de los correspondientes puestos de vocales, hasta completar 12 directivos.

La finalización del tapial demandó, en parte, la colaboración económica de la representación policial así como de la mano de obra de un grupo de reos de la fase denominada de confianza del programa Yo Cambio, a cargo de la Dirección General de Centros Penales del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, y de la ayuda de una agencia internacional de cooperación.

Los policías, además, junto con los vecinos fueron los encargados de pintar y decorar con un texto bíblico el tapial que mide unos cinco metros de ancho por tres de alto, colorear los postes de los pasajes, borrar grafitis y de llevar a cabo una jornada de limpieza y poda de maleza.

La juramentación, mientras tanto, de la nueva asociación de habitantes de El Burro fue todo un acontecimiento entre la colectividad al representarles una esperanza y unidad, con el auxilio interinstitucional.

La toma de posesión de la junta directiva estuvo a cargo del alcalde de Mejicanos, Simón Paz, quien llegó al “pasaje” en compañía de una parte de su concejo edilicio, y en la que estuvo presente, también, el jefe de la delegación policial y su equipo de trabajo, una ocasión que revistió de satisfacción y festejo para los sufridos vecinos.

Caen los homicidas: un palabrero y tres sicarios

Al tiempo que la policía llevaba este trabajo de prevención y de apoyo ciudadano, los investigadores dieron, en poco más de dos meses después del asesinato del albañil, con los victimarios de los dos moradores y de los operarios de la construcción.

Las autoridades sospechan, además, que los ahora aprehendidos son los mismos que acribillaron al muchacho visitante, pero aún se trabaja en dicho caso.

El arresto de los terroristas fue el resultado de un fuerte operativo, llevado a cabo el 31 de mayo, y de otras operaciones puntuales durante las cuales cayeron el palabrero de la clica de la pandilla 18R que delinque en la zona quien responde al nombre de Jorge Ezequiel Jiménez Paíz (28) alias Cheque o Killer, junto con dos de sus cómplices de nombre Leonel Filadelfo Caravantes Rosales (18) alias Araña y Denis Antonio González (20) alias Chaca.

Estos dos últimos junto con un cuarto imputado, un menor de 15 años de edad que cuenta con un amplio récord delictivo, son los gatilleros de la agrupación.

Ahora en el “pasaje” El Burro se respira y se vive un ambiente de seguridad y tranquilidad, completamente opuesto a lo vivido hace tan solo seis meses y que revistió de gran alarma con el éxodo en marzo de varias de sus familias.

Mejicanos registra una reducción de la cifra de delitos, algunos incluso llegan a cero

Luego de esos días aciagos del primer trimestre de 2018, las autoridades reportaron durante el segundo trimestre en el “pasaje” El Burro únicamente un caso de robo con arma blanca en contra de dos personas ajenas a la comunidad.

Gracias a la reacción inmediata de la policía, los agentes detuvieron al hechor que resultó ser un delincuente proveniente de San Salvador.

De acuerdo con el subcomisionado Bográn, jefe de la delegación, la municipalidad de Mejicanos, a la que pertenece el “pasaje” El Burro, reportó en enero un total de 13 asesinatos y en febrero 18. Ahora este delito se halla a la baja con 9 en mayo y 4 en junio. Otros crímenes como el robo y hurto de vehículos, las lesiones y las extorsiones presentan una significativa tendencia a la baja. Mientras que el robo y hurto de vehículos con mercadería se redujo a cero al finalizar el primer semestre de 2018.

Seguridad y retorno actuales en El Burro de Mejicanos

Esto es el resultado de un trabajo integral con todos, Policía Nacional Civil (PNC), Fiscalía General de la República (FGR), alcaldía y ciudadanía, subrayó Bográn, quien asumió el mando de la delegación en marzo de 2018. Trabajo comunitario, represión, prevención, inteligencia e investigación son la clave para consolidar la tranquilidad y la seguridad de la población, aseveró el jefe policial.

Y lo anterior lo confirman con sus testimonios las decenas de familias del “pasaje” El Burro que en la actualidad trabajan junto con las autoridades policiales y municipales en la organización de diversas actividades culturales y recreativas, a la vez que han solicitado seriamente la permanencia de la base policial en el lugar, con la que, además, han resultado beneficiadas otras lotificaciones y colonias de los alrededores.

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