“Jamás me voy a dejar agarrar vivo” juró el Conejo tras ordenar el asesinato de una niña y su familia en Coatepeque

“Jamás me voy a dejar agarrar vivo” juró el Conejo tras ordenar el asesinato de una niña y su familia en Coatepeque

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Redacción Radar (19/5/18) Nunca se despojaba de un fusil M16 y una escopeta industrial cargados.

Nelson Alexander Luna Chinchilla (22) alias Conejo o Smiler, cabecilla de una vieja clica de la MS, la Normandis, juraba que moriría enfrentándose a tiros con las autoridades antes que caer preso.

“Jamás me voy a dejar agarrar vivo por la Policía” se había prometido a sí mismo y a sus compinches de la Normadis LS.

Era lo último a lo que se aferraba el Conejo, poseedor de tan amplio como grave récord delictivo a sus espaldas que incluía el haber ordenado al grupo de pandilleros que encabezaba, la noche del 31 de octubre de 2017, acribillar a tiros, en una vivienda situada a las afueras del municipio de Coatepeque, en el occidental departamento de Santa Ana, a una niña de tan solo 4 años de edad, a su joven madre (28), a su padre de profesión policía y a un amigo de la familia.

Las víctimas del múltiple homicidio de esa noche fueron identificadas como Maritza Varela de Guardado (28), su esposo el policía Walter Antonio Guardado (30), la niña Gisele (4) hija de ambos y un joven vecino David Esaú Joya (21).

Al poco tiempo de suscitado el grave crimen los investigadores tenían plenamente identificados a todos los que participaron la noche del 31 de octubre en la masacre, incluyendo al cabecilla Luna Chinchilla quien fue el que dio la orden de asesinar a la niña, a sus padres y un vecino.

Los primeros en caer presos fueron un menor de edad junto con Maynor Alexander Anaya Cienfuegos y Álvaro Morán Martínez, aprehendidos en el área rural de Coatepeque, a mediados de diciembre de 2017, en el marco de un amplio operativo que la delegación de Santa Ana llevó a cabo en ese y otros municipios de la zona.

Unos dos meses después, a principios de enero de 2018, las investigaciones en torno a la muerte del agente y su familia condujeron a la Policía hasta una casa abandonada utilizada por los criminales, situada en la misma jurisdicción en donde ocurrió la masacre, en el área rural de Coatepeque.

Ahí una unidad élite de la Policía sorprendió a cuatro de los homicidas quienes al detectar la presencia policial abrieron fuego en contra de los integrantes de la Fuerza Especializada de Reacción de El Salvador (FES) – ahora Jaguares o Unidad Táctica Operativa Policial (UTEP)- originándose un enfrentamiento que dejó a tres de los involucrados detenidos, entre ellos a un exmilitar pandillero que resultó con lesiones en diversas partes del cuerpo y que aún herido logró correr unos dos kilómetros en un intento, en vano, de escapar de la fuerza especializada.

Los arrestados en esa fecha fueron Jimmy Alexander Reyes Ortiz (19), Manuel de Jesús Palacios (30) y el exmilitar Luis Alfredo Escobar Polanco (24). El cuarto sujeto logró escapar y la policía siempre estuvo segura que fue el Conejo el que – temporalmente- eludió el cerco policial.

Fue entonces que Luna Chinchilla se convirtió en uno de los terroristas más buscado por las autoridades en Santa Ana como el remanente de los autores de la masacre, hasta que la suerte le comenzó a fallar el pasado 15 de mayo.

Si bien ese marte anterior volvió a eludir su captura, el fuerte acoso policial no le dio tiempo para llevarse las armas que siempre portaba y obligó a los que lo protegían a esconderlas.

Ese día una patrulla de la Sección Táctica Operativa (STO) de la Policía repelió un atentado armado de parte de integrantes de la clica dirigida por Luna Chinchilla, suscitado en la colonia Las Margaritas, en el norte de Santa Ana, con el saldo de dos pandilleros arrestados, entre ellos uno lesionado. Uno de los dos atacantes que lograron darse a la fuga era – como se comprobó más adelante- el Conejo.

La persistencia del trabajo policial y el consiente apoyo ciudadano dirigieron a las autoridades a poner atención a los movimientos de los delincuentes en esa colonia y en la vecina San José, toda vez que los informes de inteligencia indicaban que el cabecilla, con la ayuda de otros terroristas, huyó a esta última ubicación en busca de refugio y un escondite para las armas largas.

La policía recibió información de los movimiento sospechosos de un vehículo sedan y una motocicleta que salieron de la colonia San José en dirección a un punto de la hacienda San Cayetano, siempre en el norte de Santa Ana, en donde el cabecilla había construido una madriguera.

De inmediato las unidades se movilizaron a la hacienda mencionada en donde localizaron en un lugar apartado una especie de refugio vacío pero con señales de haber sido utilizado recientemente.

Ante el acoso policial – como se comprobó después- los terroristas decidieron movilizar al Conejo en dirección a la colonia San Carlos, un área semirural situada en el otro extremo de la ciudad, por lo que la madrugada de este jueves varias patrullas STO cercaron el lugar e ingresaron por varios puntos.

La suerte del multihomicida estaba echada. Una patrulla de la STO lo ubicó solo y desarmado en una de las casas.

Desesperado y sin atender los comandos verbales que le ordenaban que se detuviera, escaló un muro de unos 7 metros de altura y al no poder bajar se lanzó del otro lado, cayendo sobre la maleza y piedras del lugar. Corrió, saltó una cerca de alambre de púas, y pensó que, de nuevo, había logrado escapar.

Pero otra patrulla STO ya lo esperaba sobre la ruta de escape.

No dijo una sola palabra a sus captores. No habló sobre su identificación ni condición de prófugo. Pero ante un tribunal deberá responder por la muerte de la niña de tan sólo 4 años de edad, sus padres y un amigo, crimen ocurrido hace un poco más de 6 meses, la noche del 31 de octubre de 2017.

Al momento de su arresto Luna Chinchilla acumula 8 órdenes de captura por los asesinatos además de robo y limitación a la libre circulación de particulares.

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